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Lunes, 9 enero 2017

¡Peligro! Posible adicción a la tristeza

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Podemos convenir que no todo en la vida son colores y unicornios. Algunos darían lo que fuese porque así fuera, sin embargo, el dolor, los dramas y los tropiezos son parte importante de nuestra evolución. Es sabido que “lo que no te mata te hace más fuerte” y tantas frases cliché por el estilo, sin embargo muchos pacientes me preguntan –y durante las crisis me hago el cuestionamiento también– de cómo sobrellevarlo sin chapotear eternamente en el charco del dolor y la autocompasión.

Adicción a la tristeza

Es cosa difícil. El dolor tiene ese “no sé qué” adictivo, que nos hace acomodarnos en un sillón junto a la tristeza y su cabecita azulada (¿vieron Intensamente verdad?) a la autocompasión  que suele andar mirándose al espejo y suspirando y a la depre, que si no está durmiendo se queja del dolor de cuerpo.  Algunos psicólogos hablan de que estos estados traen consigo “ganancias secundarias” –algo así como atención del entorno, sentirse el centro del universo o darnos cuenta de que sí somos valorados. Creo que tienen razón, pero también creo que el valor de navegar por esas aguas es aprender a surfear con ellas y a nadarlas, dentro de lo posible.

Es así como cada quien maneja el dolor a su antojo. Sin embargo, siempre hay una vía bastante más expedita por la que transitar.

No me refiero a que convertirse en el “Negro Piñera, post ruptura”, o escuchar todas las canciones corta venas del mundo, llorando sean una mala actitud.  Cada quien tiene su modo para vivir los momentos oscuros y, mientras nos sintamos mejor, casi todo está permitido. Sino, nuestras más sinceras amigas nos informarán cuanto jugo estamos dando.

El caso es que aquí lo importante es asumir el momento y vivir el presente aunque cueste. No mirar para atrás, añorando la bonanza de otras épocas y tampoco al futuro, mirando cual princesa en la torre buscando el día en que será rescatada. Es mirarnos al espejo y decir “Sí, lo estoy pasando como el ajo, pero de esto voy a aprender, esto va a pasar,  porque todo es transitorio”.

Casi como un mantra, esta visión de la vida entrega fuerza y a la vez, la convicción de que podemos continuar, sea lo que sea lo que nos pase. ¿Qué es muy terrible? ¿Por qué vivo desgracia, tras desgracia? Sí, es posible, pero la extrema autocompasión solamente atrasa un proceso inevitable: La sanación y el punto final de un episodio.

En este sentido resulta optativo el tiempo que se sufre. Se puede llorar eternamente con un “pobre de mí” en los labios, o podemos subirnos a esa montaña rusa del terror, que nos lleva de la risa al llanto y al desquicio total, con la confianza puesta en que va a llegar a puerto.

El Diez de espadas del tarot es el mejor ejemplo de lo que quiero decir. Al derecho, habla de espadas que se enterraron como cuchillos en nuestra espalda, matándonos o dejándonos agonizantes.  Pero invertido, indica que ese dolor se terminó, que las espadas enterradas son solamente un dolor fantasma y que el consultante debe darse cuenta de que ya no hay impedimento, que no existen heridas y que puede retomar su vida con el aprendizaje adquirido.  Sí sé, suena simple y es muy pero muy complejo, pero la recompensa al final del camino es mil veces más satisfactoria y gratificante que cualquier cosa, doy fe de ello. ¿Y ustedes?

Carolina Bustamante Cornejo

Facebook: c.bustamante

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