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jueves, 9 noviembre 2017

Crónica de una mala noche: la realidad de una mamá de 2 pequeños

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Mi intención no es quitarles el ánimo o asustar a las futuras mamás. Cierto, los hijos son una aventura 24/7, pero créanme es la mejor aventura de la vida. Una mala noche no cambia lo maravillosa que es la maternidad.

El mayor de mis hijos está por cumplir tres años, acaba de entrar a primero de kínder y decidimos, mi esposo y yo, que sería una buena opción que tomara clases en la tarde. Obviamente esto significó entrar a la maravillosa faceta de chofer particular.

Ayer pase, literal, todo mi día en la calle, del trabajo fuera de casa al trabajo de mamá, ama de casa, esposa, etc., se me fue la tarde en un abrir y cerrar de ojos.

No me estoy quejando, realmente soy afortunada, mi trabajo de oficina embona maravillosamente con mi papel de mamá, de ama de casa y esposa, dándome la oportunidad de organizarme para que las cosas puedan fluir en mi hogar. Además, sé que no soy ni la primera ni la última mamá multitask de este planeta.

Creo yo, ilusamente, que mi día acaba cuando llego a mi casa a las 9:30 pm de un curso –sumándole a mis interminables tareas diarias- que hicieron obligatorio en el colegio de mi hijo, pero después de que habíamos acordado que mi esposo se quedaría en casa con los niños (cuando sus viajes laborales lo permitieran) cuál es mi sorpresa al encontrar a mis hijos despiertos.

Little readers, ready to take over the world! #startthemyoung #wonderkids #wondermoments

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La verdad no soy la madre perfecta con la rutina militar establecida, si no me pongo las pilas, es imposible cumplir los objetivos. En fin, ¡ESTÁN DESPIERTOS!, mi bebé con la ropa que ha traído todo el santo día, mi hijo contando historias, preguntando mil cosas y mi esposo dándome razón de por qué no estaban dormidos. En este punto los niveles de tolerancia sobrepasan el límite.

Consigo dormirlos y puedo terminar con mis pendientes, la platicadita con el marido, la “rutina de belleza” antes de dormir, ver Facebook y contestar mensajes de WhatsApp; y es, hasta que consigo apagar mi lista mental, acomodar mi súper adolorida y vieja espalda, que logro conciliar el sueño. Les estoy hablando de las doce, doce y media de la madrugada.

1:55 am. Mi hijo vomita mi cama como si no hubiera un mañana –muchos verán que el problema es que haya estado en mi cama, y no que haya vomitado. Lo sé, pero les juro que no nos hemos dado por vencidos en cambiarlo las veces necesarias a su cuarto-, después de checar que todo está bien y ya que mi corazón volvió a su lugar, es cuando soy capaz de percibir el olor de tan infortunado suceso.

Sigue el procedimiento post vomito: quitar sabanas, bañar niño, limpiar piso, limpiar baño, querer vomitar más de una vez en el transcurso del procedimiento, calmar niño, calmar bebé, imaginar las peores razones por las que un niño vomita. Termina el procedimiento. Lo acostamos en mi cama –de nuevo-, sin sabanas y sin cubre colchón porque ya las había metido a la lavadora. Le digo a mi esposo: “¡aguas, porque va a volver a vomitar!”, lo mueve un milímetro y segundo después vomita. Ahí quedó la garantía del colchón. Otra vez, limpiar vómito, usar cloro, toallitas desinfectantes, calmar al niño, intentar dormir de nuevo a la bebé, etc.

3:30 am. Parece que todo volvió a la normalidad, nos dividimos mi esposo y yo para dormir. Uno en la cama y otro en el cuarto con el niño. El colchón estaba vomitado.

6:30 am. Suena el despertador. Estoy muriendo de sueño, lo bueno es que no tuve que llevar a mi hijo al colegio y eso me dio un poco de tiempo para ser lenta, como una tortuga, al alistarme.

5:30 pm. Después del largo día consigo llegar a mi casa temprano. Como mi hijo está enfermo no lo llevé a sus clases de la tarde, así que escucho que entra al baño y subo después de acomodar a la bebe en un lugar seguro. El baño tenía papel tirado, el piso lleno de diarrea. Mi hijo no alcanzó a llegar al escusado y se hizo ahí justo donde le dio la urgencia. En cuanto me ve entrar al baño, sin haberle dicho nada, me mira con sus enormes ojos cafés y me dice: “mami ya limpié yo”. Mami está cansada.

Morí de amor, por supuesto, todo mi día valió la pena.

Por: Uki Iliana Juárez, mamá de 2 pequeñitos que ama.

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