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Jueves, 9 febrero 2017

La rabia y nuestro autocuidado: aprender a poner límites

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La rabia como señal de alerta

La rabia nace en situaciones en que nos vemos amenazadas; cuando de alguna manera, se han vulnerado nuestros límites. Sentir rabia no es algo negativo, sino más bien esperable y parte de relacionarnos con otros. El problema real es no identificar el vínculo de causa y efecto entre la vulneración de nuestros límites y la rabia que sentimos.

Por qué perdimos la percepción de lo que nos vulnera

Puede ser que cuando éramos pequeñas y llorábamos, nos decían que “no debíamos sentirnos así” o “que estábamos exagerando”. Esta respuesta persistente de parte de los adultos socavó la seguridad para confiar en nuestras respuestas emocionales. El paso siguiente fue que comenzamos a juzgar lo que sentíamos y preguntarnos si estaba bien o no. La percepción errada en esta historia es que aplicamos el “deber ser” a nuestras emociones.

El problema con esta historia infantil -que es muy común- es que nuestros límites se vuelven difusos. Si alguien es hiriente y nos sentimos mal, pero no estamos seguras de si “deberíamos” sentirnos de esa forma, entonces tampoco podremos estar seguras de si esa actitud hiriente puede ser tolerada o no.

Si esta fue tu historia, ahora que eres adulta puede ser que esta dinámica se haya convertido en la manera natural de relacionarte para no tener conflictos. Y así puede ser que nunca hayas podido expresar lo que sientes y poner límites con tu pareja, familiares o amigos, porque te enseñaron a no confiar en lo que sentías y a expresar sólo las emociones que son socialmente aceptadas.

Aprendiendo a decir que no

Hoy está en tus manos sanar esta herida, aprendiendo a decir que no cuando algo no se siente bien y no ceder ante la persuasión de otro individuo. Ante todo, es respetar tu termómetro emocional. Si dices que no y te piden explicaciones, simplemente di “no me siento cómoda en esta situación”. Con eso es suficiente. Y no des espacio para que eso se ponga en discusión.

Puede que después le des una vuelta y tengas otra mirada. Pero ese proceso tiene que ser tuyo, personalísimo, no porque otra persona en una posición dominante te convenció de que lo que estabas sintiendo no estaba bien.

Usa la rabia que la vulneración te provoca para que te anime a poner límites y expresarlos. Ahora bien, como eres tú la que dirige tus reacciones, cuida que tu respuesta sea hablando con respeto y firmeza como un ejemplo real de autocuidado y amor propio, y no de mera violencia contra violencia.

Esto se trata de rehabilitar esa parte de tu ego que se encarga de cuidarte, así que comienza a practicar desde este momento. Cada vez que algo no se sienta bien, pon atención a tus alertas y date el tiempo para averiguar qué pasa. No te dejes presionar por la urgencia de otros. Aprende a respetar tus límites frente a cualquier persona que te vulnere, sea quien sea, sobre todo si se trata de personas que amas.

Poner límites para construir el amor propio y sanar nuestras relaciones

Podemos ser mucho más auténticas en nuestras relaciones, contándole al otro cómo nos sentimos y por otro lado, dándole el espacio para que haga lo mismo. Habrá momentos en los cuales hablará nuestra parte más resuelta, otros en los que hablará la niña herida. Puede que algunas de estas emociones no sean bien recibidas, como puede que haya emociones de la otra persona que nos cueste aceptar, ¡y eso está bien! Es parte de la naturaleza y desafíos de relacionarnos.

Desarrollar la capacidad de poner límites y expresar lo que sentimos, nos ayuda a validar las emociones propias y de los demás, cultivando nuestras relaciones en un marco de respeto mutuo y compasión, que es esencial para la construcción de nuestro amor propio y autocuidado.

Francisca Jara L.

Tarot & Coaching espiritual

franciscajara.cl

Facebook: franciscajarab

Imagen: Pexels.

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