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lunes, 23 octubre 2017

El secreto para evitar el fracaso en una relación de pareja

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¿Por qué unas relaciones de pareja prosperan y otras fracasan? Cuando se escucha la palabra conflicto muchas veces representa sinónimo de caos o distanciamiento. ¿Por qué pelear? ¿Cómo saber pelear? Resulta casi paradójico decir que la satisfacción de un matrimonio realmente no es la plenitud sexual ni el enamoramiento, sino en la capacidad para saber ambos manejar sus diferencias.

¿Alguna vez te has sorprendido cuando alguien cercano a ti se separa o se divorcia? Realmente no entiendes ya que durante mucho tiempo veías que se llevaban bien. ¿Qué fue lo que detonó el rompimiento? ¿Qué fue la gota que derramó el vaso?

Investigadores líderes en el campo conyugal como Back y Gottman señalaron, después de 25 años de estudios, que “pelear” es una parte normal e incluso saludable dentro de las relaciones amorosas; sin embargo, las parejas necesitan aprender a resolver conflictos y llegar a acuerdos, y no quedarse atrapados con cosas del pasado.

Las parejas felices no están libres de peleas, pero es una realidad que deben de existir un mayor número de interacciones positivas que negativas. Una relación es siempre para estar mejor. Deben aprender a ser amigos y a disfrutar de su compañía, de sus encuentros sexuales, fomentar una capacidad para reír y pasarla bien.

Los resultados arrojan que los matrimonios más felices y estables son aquellos en que ambos se esfuerzan por encontrar un punto en común: empatizar, en vez de insistir que las cosas se hagan según las necesidades y preferencias de cada uno.

Sin embargo, resulta fácil poder decir que lo importante es “saber pelear”, pero qué sucede cuando no existe la confianza para poder expresar enojo, dolor e insatisfacción en cuanto al matrimonio. Muchas parejas optan por callar y jugar al eterno “no pasa nada”, ya que saben que si empiezan a destapar los problemas se encontraran con gritos, discordia, pesimismo, arrogancia e insultos.

Es por ello que las parejas que evaden por comodidad o miedo y no vacían sus decepciones van acumulando resentimientos. Finalmente llega un momento en que sucede algo insignificante y se convierte en “la gota que derramó el vaso”: el divorcio.

Las dificultades que surgen dentro de una relación siempre son señales de que no se ha atendido algo. Son un claro mensaje para quienes están listos para oírlo. Para todos los lectores de Mujer y Punto que están en un proceso de querer concientizar y responsabilizarse para tener una relación más sana les compartimos los siguientes factores de relación.

Aceptar las diferencias: Una gran frustración a nivel relación es cuando no se aceptan tal cual como son. Constantemente buscan cambiar la forma de ser del otro: el vestir, hablar, su relación con amigos, hijos, trabajo etc.¿Qué sucede en ti cuando tu pareja no se comporta como tu pretendes? ¿Acaso la frustración y enojo saltan en primer instancia? Es claro que una relación comienza mucho antes de encontrarse con esa persona, comienza contigo. Para poder aceptar a la pareja primero hay que aceptarse uno mismo.

Buscar lo bueno: Estar al pendiente siempre de lo que a uno le molesta del otro o de la relación te fija obsesivamente en lo que está mal y en lo que no funciona. El aprender a recuperar una actitud y una visión positiva es el inicio para generar un cambio. ¿Qué te gusta o admiras de tu pareja? ¿Qué es aquello que nunca le reconoces?

Respetar puntos de vista: Adoptar una posición a la defensiva y atacar el punto de vista de tu pareja evidentemente generará tensión y poco entendimiento. Lo importante es primero escuchar y no desvalidar el argumento del otro. Si existe escucha y empatía podrá facilitarse la comunicación verbal y emocional.

Actitud evasiva: El famoso “ajá” y la típica frase “contigo es hablar como con la pared” genera un gran sentimiento de frustración. Cruzar los brazos, no fijar la mirada, dar la espalda, continuar haciendo algo mientras el otro habla es sinónimo de una indiferencia y agresión pasiva. El “no me importa y ya no quiero hablar”, lejos de ayudar a expresar y resolver en pareja se convierte en un desgastante monólogo.

Violencia en las discusiones: Probablemente la antesala a una separación es una discusión donde existió violencia. Mostrar una actitud de desprecio, insultos, sarcasmo, y superioridad lleva a herir profundamente una relación en donde muchas veces se logra perdonar pero nunca olvidar.

Llegar a un acuerdo: Se ha visto en las parejas que un factor de satisfacción en cuanto a la relación es la capacidad de ambos de entenderse como parte del problema, asumir responsabilidad, y así poder hablar sobre deseos, expectativas y sentimientos sin culpar como usualmente: “Tú me hiciste”, tú me dijiste”.

Amor: Desear el bien al otro se convierte en la regla más preciada en una relación destinada a ser duradera. El amor lleva a procurar y ayudar a la pareja. Te conduce a tener pequeños detalles que se convierten en momentos valiosos; hacer la cena, un masaje después de un día tedioso, ver un programa que el otro disfruta, etc.

Cuando existe amor será más fácil poder expresar la ira en momentos de pleito. Tienes la opción de aventar cosas, gritar o explicarle porque te sientes herido o enojado con el propósito de mejorar la relación y no lastimarla.

Ser amigos: Los investigadores Gottman señalan que la clave de una relación cordial y profunda es la amistad. El ser amigos lleva a la pareja a tener confianza para contarse cosas, a mostrar consideración y procurarse mutuamente. Buscar espacios para ambos sin necesidad de estar acompañados para pasarla bien.

Alegría compartida: Es común escuchar que las verdaderas parejas están en los momentos difíciles. Sin embargo muchos pierden la incapacidad para conectarse a través de una buena noticia. Cuando alguien comparte algo positivo como un ascenso del trabajo y espera una felicitación de la pareja en ocasiones en lugar de entusiasmo se recibe desinterés. Asombrosamente esto se convierte en uno de los signos más notorios en cuanto al fracaso de un matrimonio ya que se espera apoyo ante un logro y se encuentra apatía.

La conquista: A medida que el tiempo transcurre, la pareja se distancia, ignoran sus necesidades y aprenden a sobrellevarla. La llegada de los hijos, la rutina diaria, el cansancio, el acumular resentimiento y no perdonar es lo que lleva a dejar la conquista. Un abrazo, una llamada, una nota en el refrigerador hacen la diferencia.

Sólo cuando dos personas crecen hacia su máximo potencial inherente, la relación puede hacerse más dinámica y más viva. El camino de la pareja representa un viaje colectivo pero también individual.

Por: Helena Lebrija

Helena es colaboradora de Mujer y Punto, psicóloga clínica dedicada al área emocional de las personas. Apasionada de temas como la pareja, relaciones codependientes, patrones destructivos y autoestima. Promueve el cambio en uno mismo como consecuencia para estar bien con los demás. Convencida que uno logra encontrar sentido a su vida cuando le permite ofrecer sentido a la vida de los demás.

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