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viernes, 4 diciembre 2015

Mi experiencia con la virginidad: de emoción a depresión

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Crecí en una familia con valores muy religiosos, mi madre era de las que dicen “su virginidad es sagrada, si la das ya no te querrán” y yo crecí con ello al punto de que llegué a la universidad y era del contado grupo de las vírgenes, cosa que me hacía sentir orgullo, porque además de ser virgen, me considero muy guapa y además saco excelentes calificaciones por lo que creía que valía más que las demás por ser VIRGEN, guapa y el plus de aplicada en estudios.

Cuando tuve novio

Crecí con ese concepto. Conocí a mi novio desde muy pequeños pero nos hicimos novios cuando ambos teníamos 18 años, sin duda es el amor de mi vida porque antes éramos mejores amigos y nos conocíamos muy bien, a pesar de todo esto nuestra relación fue inestable: muchas rupturas y luego volvíamos a amarnos más que antes, una vez terminamos por 10 meses, y cuando volvimos, ambos sentíamos mucho amor.

Él nunca me pidió nada y cabe destacar que siempre me respetó, nunca se sobrepasó conmigo, pero esta vez que volvimos yo quería llevar mi relación al siguiente nivel y entre besos y besos pasó lo que tenía que pasar, para nada es como en las películas. Es doloroso y un poco incómodo, aunque él al principio no quería, luego se sintió muy emocionado y me decía “ahora solo somos uno” .

Por mi parte, yo estaba asustada porque no nos protegimos, aunque el no se vino dentro de mí. Me sentía de lo peor, no “sucia”, pero sin valor.  Ya no era esa niña “perfecta de papá y mamá”, ahora pasé a ser parte del montón. Después de una cita al ginecólogo ya sabía los métodos ante cualquier embarazo, pero yo me sentía angustiada igual y me preguntaba ¿Cómo las demás personas pueden vivir tranquilas solo tomando pastillas? ¿Como pueden llevar una vida normal teniendo sexo antes del matrimonio?

Ya no quiero tener más sexo

Después de varios encuentro sexuales con mi pareja le dije que ya no quería tener más sexo y que me arrepentía de haberlo hecho. Le dije que si el quería estar conmigo de nuevo tenía que esperarme hasta que nos casáramos cosa que por supuesto al él le irritaba pero aceptaba a regañadientes. En ese lapso me sentía de lo peor, ya no era yo. Me miraba en el espejo y ahora solo tenía dos características de las cuales ninguna pesaba tanto como la de la virginidad.

Estando pasando por esto, terminé con mi novio y le pregunté a varios amigos con valores religiosos si ellos querrían casarse con una mujer que ya no fuera virgen y que por temor nunca se los hubiese dicho hasta ya estar casados. La mayoría me respondió “que se sentiría decepcionado” y uno solo me respondió “que si estaban enamorados eso ya no le importaría tanto”. Me sentí devastada con las respuestas, me sentía peor que antes y me decía a mi misma “nunca encontraré a alguien que me quiera“.

Además de ello, escuchaba a mi padre decir ”nunca se dejen prostituir”. Para él esa palabra significa entregarse antes del matrimonio, aunque el significado de esta sea muy alejado de ello, igual me sentía mal, ¿Para mi padre yo entonces me dejaba prostituir? Pasaron 2 meses y mi novio volvió conmigo y decidió estar conmigo sin hacer el amor. Pasamos así durante un largo tiempo hasta que decidí ya no cargar con ese martirio y disfrutar con mi pareja con conciencia, con entrega y amor.

Yo no valgo por mi virginidad

Ahora me siento mentalmente, mucho más sana que antes. Sé que no valgo por virginidad si no que valgo como mujer y que si las cosas no funcionaban con mi novio pues siempre habrá alguien que me ame, además ahora soy una mujer que defiende las libertades de la mujer tanto profesional, sexual y social, y ahora sé que lo que dicen mis padres son solo pensamientos machistas en lo cuál ellos no tienen la culpa, ya que fueron de otros tiempos donde ese pensamiento retrógrado doble moral reinaba.

Mi padre no llegó virgen al altar y raro que lo fuera (muy promiscuo aún durante el matrimonio)  entonces ¿por qué aplicar solo la virginidad a la mujer? Si es porque los hombres valoran más a las mujeres vírgenes es mentira porque si lo hicieran nunca les serían infieles y siempre serían bien portados pero eso no pasa, a pesar de todo me ayudé mucho viendo historias de conocidas que aún estando con hijos vino alguien y las quiso.

También me ayudó leer historias en internet sobre hijas criadas con tendencias religiosas rigurosas y que finalmente se arrepintieron de vivir y pensar de tal forma, porque ahora no pueden tener sexo ya que lo ven como un acto cochino, incluso algunas paran en el psiquiatra. Hoy me animé a contar mi historia, ya que sin duda tenemos una vida entera refiriéndonos al sexo como algo malo e incluso cuando nosotros los adultos decimos en tono de jugueteo: “hoy voy hacer cositas malas con mi pareja”.

Hagamos cosas buenas

Yo me estoy autocorrigiendo y ahora digo: “vamos hacer cosas muy buenas hoy” porque hacer el amor tiene múltiples beneficios. Cuando tenga mis hijos los educaré pensando que el sexo es bueno pero se debe hacer en una etapa madura para cargar con los riesgos de embarazo y que una mujer virgen vale igual que una mujer que no lo sea.

Créanme, si van a perder su virginidad háganlo pero de forma segura y recuerden el valor no lo tenemos dentro de las piernas sino en nuestro corazón y cabeza. Por ahora no tendré jamás una relación con personas religiosas doble moral y lo digo porque espero casarme con mi novio que ya llevamos 5 años y que me quiere de verdad, no como decía mi madre.

Por: Catalina Torres (nombre ficticio para respetar el anonimato de su autora).

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