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Por Joanna Wurmann

Es difícil catalogar a One K Raw como una joya escondida, pues se encuentra en pleno barrio de Brickell. Ubicado en la histórica Estación de Bomberos N.° 4 de Miami, en el corazón del Mary Brickell Center, es imposible que este restaurante pase desapercibido. Pero, para mí, este lugar es definitivamente una joyita y una sorpresa; en realidad, tres sorpresas. Por un lado, su ubicación y el hecho de que parte de sus dueños sean los mismos del famoso Dirty Rabbit, me hicieron creer que sería un lugar más enfocado en los jóvenes y que su comida no sería nada especial. Sin embargo, hay veces que los prejuicios nos avergüenzan, y esta fue una de esas veces. Este lugar es mucho más de lo que imaginé, algo que debería haber sabido, ya que, al mando de la cocina, se encuentra el chef Aleric Constantin, cuya creatividad y habilidad culinaria descubrí y me enamoró en el ya desaparecido JATO. ¡Una pérdida que aún no supero!

Pero comencemos con lo más obvio: la decoración. One K Raw es mucho más que un restaurante; en realidad, constituye tres experiencias en una. Al llegar, lo primero que te sorprenderá es una amplia terraza en madera blanca, dominada por una imponente barra, donde los bartenders preparan deliciosos y originales cocteles. A pesar de ser de noche, la terraza resplandecía bajo luces tenues que realzaban sus tonalidades marinas, un juego de azules y blancos que transporta a un paisaje marítimo. Grandes ventiladores de techo, que evocan el trópico, giran suavemente, complementando el ambiente relajado. Aunque ésta está inspirada en los años que uno de sus creadores pasó en Charleston, Carolina del Sur, a mí me evocó las casas de Key West, con su estilo de vida relajado y costero

El salón principal, por su parte, continúa con los motivos náuticos, entre los cuales destaca un enorme pulpo azul que parece vigilar el espacio. Otro elemento central es la gran barra de crudos, donde se exhibe una selección de frescas ostras, presentadas de manera que capturan inmediatamente la atención. La elegancia y comodidad del lugar, junto con un ambiente más íntimo, ofrecen una experiencia más privada, acogedora e incluso familiar, diría yo. Aquí los comensales no sólo disfrutan de una deliciosa comida, sino también del espectáculo detrás de la barra. Allí, los cocineros manejan con maestría los frutos del mar, convirtiendo cada plato en una obra de arte culinario.

Como dije al comenzar esta reseña, One K Raw es una caja de sorpresas, comparable a un Kinder Sorpresa, pero con tres tesoros en su interior. En mi recorrido por el lugar, encontré dos entradas que llevaban al mismo speakeasy: One K Room. La primera, ingeniosamente camuflada en el salón principal, parecía una puerta que conducía a la cocina. La segunda, situada en la acogedora terraza, ofrecía un contraste fascinante, desde el fresco exterior hasta un espacio oculto. Al atravesar cualquiera de estas, te encontrarás con un espacio que bien podría ser el set de una película ambientada en una antigua biblioteca de Londres, donde elegantes aristócratas, sentados en cómodos sillones de cuero, toman importantes decisiones. Pero si miras más allá, la gran barra y la mesa de DJ te traerán de vuelta a Brickell para disfrutar de una increíble velada con originales tragos y vibrante música, en un ambiente animado y cautivador, convirtiéndose en una experiencia inolvidable.

Mi experiencia fue la confirmación de que el talento del chef Constantin trasciende cualquier expectativa. Pero no se confundan, el menú de ONE K Raw ofrece mucho más allá de los platos típicos de un bar de crudos. Aquí encontrarán una amplia variedad de opciones que deleitarán su paladar. Desde los delicados Tacos de Atún (USD $20) hasta elegantes y finas opciones como la sorprendente Burrata con Fruta Asada (USD $23), que combina la cremosidad del queso con el toque dulce de la fruta y una vinagreta de avellanas. También podrán disfrutar de variaciones de algunos clásicos como el Mac & Cheese de Langosta (Langosta de Maine) (USD $18) o la Hamburguesa 1K (USD $19), que contiene tres trozos de carne, pepinillos caseros con la salsa 1K, todo en un delicioso pan de papa (perfecto para celiacos). Ahora, si aman las proteínas, como yo, las opciones son igualmente tentadoras. Podrás elegir, por ejemplo, entre el Filete de Wagyu (USD $42) con puré de papas, salsa au poivre y aceite de ajo confitado, el Salmón Teriyaki (USD $30) con Quinua Salteada y Ensalada de Zanahoria, o el Pollo Orgánico Medio (USD $32), que viene con Maíz Dulce, Caldo de Pollo Asado, Vegetales Verdes, Piel Crujiente de Pollo e Hinojo en Escabeche, entre otros.

Debo dedicar un párrafo aparte al Cheesecake Estilo Vasco (USD $13). Hace varios meses que vengo comentando sobre esta moda en Miami (que me tiene obsesionada), pero la versión de ONE K Raw superó mis expectativas. Aquí, este delicioso postre no solo destaca por su textura cremosa y sabor excepcionales, sino también por estar combinado con helado hecho con nitrógeno de maracuyá, que aporta un toque refrescante y tropical. Para complementar, se sirve con una ‘nieve’ de aceite de oliva que agrega una nota suave y aromática al conjunto. Una opción perfecta para culminar mi experiencia en ONE K Raw con un toque dulce y sofisticado.  A pesar de que todo estaba fuera de serie, sin duda este postre debe ser mi plato favorito (MPF) en esta experiencia.

Joanna Wurmann, Editora y Corresponsal en Miami, Mujer y Punto.
Para más de Miami sígueme en @miamibyjoey

One K Raw, 1000 South Miami Avenuewww.onekraw.com