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Martes, 20 diciembre 2016

El embarazo modifica el cerebro de las mamás a largo plazo

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El embarazo es el mayor cambio que puede experimentar una mujer. Y esto es en el amplio sentido de a palabra. Nos enfrentamos a cambios físicos, sicológicos, sociales. Pero hoy se ha descubierto  que el cerebro de las mujeres cambia de manera literal durante la gestación.  Un estudio ha mostrado por primera vez, que la materia gris de las embarazadas se reduce en  áreas que están relacionadas con la empatía.

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Esta poda de las madres en las conexiones neuronales optimizaría determinadas funciones, como las de interpretar los estados mentales de los niños, anticipar posibles amenazas del entorno. Estos cambios no son percibidos por los padres y según el estudio se mantendrían hasta dos años después del parto.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores le realizaron a 25 mujeres una resonancia magnética antes de quedar embarazadas y después de tener a su hijo. Para poder realizar un paralelo, también se tomaron imágenes de los cerebros de una veintena de mujeres y hombres que no habían tenido hijos.

Cambios en el cerebro de la madre

El estudio, que fue publicado en la revista Nature Neuroscience, muestra profundos cambios físicos en el cerebro de todas las mujeres durante el embarazo. Y es acá donde mostró, precisamente, la disminución de la materia gris en ciertas áreas de la corteza cerebral, así como en otras no.

Las imágenes mostraron que las conexiones neuronales disminuyeron en la zona de la cognición social, que está ligada a la habilidad humana de ponerse en el lugar del otro, anticipar intenciones, entender que sucede, es decir, empatizar frente a otra persona.

“A mayor eficacia cognitiva, menos sustancia gris. Es lo que llamamos poda adaptativa”, dice el investigador de Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y coautor de la investigación, Óscar Vilarroya. Este proceso de poda recuerda mucho a otro momento de la vida donde se desata otra tormenta hormonal: la adolescencia. “Los niños tienen más materia gris y en su paso a la adolescencia pierden conexiones neuronales”, recuerda Vilarroya.

La investigación mostró que esa reducción no va en disminución de las habilidades cognitivas de las madres. Las embarazadas obtuvieron la misma puntuación en varios test que las mujeres del grupo de control. “Lo que hace la poda es optimizar las conexiones neuronales”, sostiene la investigadora de la Universidad Carlos III y del hospital Gregorio Marañón, Susanna Carmona, también coautora del estudio.

El estudio también muestra que esa disminución de la materia gris es solo cosas de las madres. Las imágenes de los padres no mostraban diferencias ni con las de los hombres que se les tomó la resonancia antes de que fueran padres.

También comprobaron los investigadores que las áreas que habían perdido más sustancia gris eran las que se activaban cuando una madre veía imágenes de su hijo, pero no cuando contemplaba fotografías de otros niños.

Ambas situaciones llevan a los investigadores a apostar por una conexión entre las hormonas, cambios físicos y cambios funcionales. “La inundación de hormonas que proceden del feto cambia el cuerpo y cambia también el cerebro”, opina Carmona.

En conclusión, todos estos cambios son un mecanismo de adaptación para que el bebé tenga todo lo que necesita y la mujer pueda enfrentar el reto de la maternidad de mejor manera. Y como es para siempre, dos años después del nacimiento, la mayoría de las mujeres que participaron del estudio se sometieron nuevamente a una resonancia. ¿El resultado? Los cambios en todas seguían presentes.

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